Wednesday, June 20, 2007

Nadie dijo que vivir en París fuera fácil….

Llevo algunos días sufriendo de lo que aquí llaman “el síndrome parisino”. Ya sé que no soy la única porque he conversado de mi nueva “patología” con algunas víctimas recientes o que ya llevan un tiempo buscando sobrellevarla, y eso me tranquiliza.

Los síntomas son evidentes y de rápida iniciación. Comienza con el olfato, ese sentido que a distancia puede percibir olores –buenos y malos-, que te evoca situaciones, personas, lugares y que al menos aquí en Francia es uno de los más utilizados…

Luego se extendiendo hacia la boca y comienzas a salivar. Pero hasta ahí aún no es conciente y sólo sientes que te carcome desde temprano por la mañana hasta tarde por la noche.

La tercera fase de desarrollo de esta “patología” es cuando ya no sólo está el olfato en contacto con el olor y las papilas gustativas trabajando a mil, sino que empiezan a sonar las tripas de manera brutal. Es entonces cuando racionalizas el hecho, haces consciente lo que estás viviendo y tomas conocimiento que estás presente ante una situación que nunca antes habías vivido y que no sabes bien cómo controlar.

La secuencia del “síndrome parisino” comienza a las 9 am., cuando sales de tu casa rumbo al trabajo o a la escuela y pasas frente a las 10 ó 20 pastelerías (boulangerie) y el olor a pan recién horneado, pasteles, y confites te hacen sentir hambre cuando llevas sólo algunos minutos de haber tomado desayuno. Continúa al medio día si es que sales nuevamente a la calle a comer algo, o simplemente a caminar. Ahí la situación llega a ser insostenible. Se repite cuando sales de tu trabajo o escuela y nuevamente el olor te nubla, no te deja pensar y te obliga a tener mucha fuerza de voluntad y no comprar algo o simplemente saciar el apetito.

Es una enfermedad cruel, de constante sufrimiento, donde estás todo el día –literalmente- pensando en comer baguette, pain au chocolat, creppes con nutella, macarrones, y una decena de cosas más que aún no conozco sus nombres, pero que de sólo mirarlos deben ser un manjar para la boca.

El problema es que si mi diagnóstico no falla creo estar en la curva ascendente en lo que a síntomas se refiere, ya que aún no sueño con ellos, ni tampoco sufro de fatigas a falta de; pero sí puedo decir que ya he sido capaz de tener que bajar de un 11avo piso a las 8 de la noche para ir a buscar una boulangerie abierta.

¿Cómo lo harán esas miles de parisinas que parecen espárragos de flaca? ¿Serán realmente felices sin poder comer estas delicias o es que las comen a escondidas y luego utilizan otros “métodos” para quemar esas calorías? Acepto sugerencias….

Sea como sea, vivir en París es mucho más difícil de lo que pensaba… y aunque espero no tener que recurrir a Slim Center a mi regreso estoy segura que no podré abstenerme del todo, menos cuando SIEMPRE está al alcance de la mano.

1 Comments:

At 10:48 AM, Blogger María de los Angeles said...

Estoy totalmente de acuerdo contigo.....los macarrones, el pain au chocolat, la maravillosa baguette...... En Francia, incluso el viajero pobre puede comer como rey. Solo hay que juntar una baguette fresca con alguno de los miles de increíbles quesos que tienen y voilá....un manjar.
Mi consejo: disfruta todo el rato mientras se puede!!!!!!!

 

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