Friday, September 08, 2006

Acelerando a la "chanchita"

Hace dos días estaba yo en Probike arreglando mi bici luego de pinchar la rueda trasera, cuando mirando la cantidad de cosas que se vendían en esa tienda comprendí que por mucho que estos siete meses sobre dos ruedas han sido toda una experiencia, mi gusto por las "cletas" están lejos de parecerse a lo que me gustan esos aparatos que meten ruido, que también tienen dos ruedas, pero que llevan un pequeño motor, las motos.

No sé bien de dónde viene ese gusto por las motos, de las que aclaro poco entiendo técnicamente, pero quizás sea un poco de herencia familiar (paterna) o quizás el contacto temprano que tuve con ellas, o incluso las buenas “experiencias”. Lo cierto es que cuando tenía sólo 14 años me subí a la "chanchita", una Honda 70, cambio automático, un lujo, que me acompañó en miles de travesuras, más de alguna herida y mucha diversión.

Imposible no recordar cuando en el campo de mi abuelo la "chanchita", en pleno camino de ripio, fue cedida, no sin temor, a mi amiga la Jose quien por cierto la miraba con ansiedad, pero sin saber si quiera dónde estaba el freno y el acelerador.

Ella adelante, yo dirigiéndola atrás, más afirmada que gato en el tejado, cuando vino la curva. "Acuérdate de bajar un poco la velocidad", le dije, cuando aún creía que estaba a tiempo. Pero pasó lo que siempre el copiloto teme. El freno se confundió en fracción de segundos con el acelerador, y ante la incertidumbre y el nerviosismo agarramos vuelo y la curva literalmente la pasamos volando. Ella cayó sobre un árbol, yo sobre el ripio y la pobre "chanchita" seguía acelerada en el piso levantando un remolino de polvo.

Así terminó esa primera y quizás última experiencia de la Jose sobre una moto, pero no mi última historia como copiloto en el suelo.

Luego, años después, por ahí por los 18, cuando la moto es tu vehículo a la libertad, mi amiga la Mod decidió en Osorno ir a dar una vuelta. Pero esta vez no sería sólo en camino de tierra, el riesgo era que saldríamos a la Ruta 215 (que une Osorno con Argentina) sin cascos, y por cierto sin permiso para conducir motos.

Sorteamos con decencia los 4 kilómetros de camino de tierra. Esta vez mi alumna seguía con mayor atención mis instrucciones. El problema fue cuando llegamos a la carretera. Salimos al pavimento, un lujo, qué tranquilidad, decíamos, mientras no parábamos de gozar de la experiencia. Cuando ya la "chanchita" empezaba a levitar (75 km/hr) aparece "la ley". Cuento corto, el terror de mi amiga no hizo más que termináramos en la primera acequia de la carretera, de esas donde sólo las vacas son capaces de salir por la profundidad. Mata de espinas, puas, tierra y las dos "giles" en la canaleta de 2 metros fue el final del viaje. De ahí sacar la moto del barranco y volver fue otra odisea. El manubrio ya no miraba hacia adelante, el foco por enésima vez se había roto y el freno de pie poco y nada cumplía su función.

Así hay miles de historias. Esa "chanchita" que hoy ya no está cerca, y sólo es un lindo recuerdo de una adolescencia en 2 ruedas. Un recuerdo donde los cerros parecían cordillera cuando me subía y lograba llegar a la cima en la moto que a penas me podía, memorias de idas y venidas, de mucha entretención e incluso romances (bueno, es que no hay hombre que sobre una moto no se vea guapo).

No me queda más que pensar que después de estos meses sobre la bici me merezco una moto... Sobre todo cuando en Barcelona hay casi tantas motos como autos, de todos los tamaños, marcas y diseños.

Ya llegará el momento, que por cierto ya imagino, cuando pise nuevamente suelo chileno, me monte sobre una moto, mi moto, y vuelva a vivir lo que por años fue una gran experiencia… esta vez quiero una Vespa blanca, de esas originales…

PD: Aclaro que la moto de arriba no es mi "chanchita", sino que un préstamo de mi Partner por algunas horas cuando visité su campo.

8 Comments:

At 7:25 AM, Anonymous Anonymous said...

Ochaga
con suerte teniamos 16 años cuando fuimos a ñilque en moto...nunca se me vá a olvidar la odisea...que manera de reirnos...
Demasiados los buenos recuerdos de rupanco (moto, esquí acuatico, las interminables horas adentro del sport wagon....)uffff son millones
MOD

 
At 7:47 AM, Anonymous Anonymous said...

me acabo de acordar, a propósito de andar motorizadas... la vez en que la mamá de la jose nos prestó el auto para que no nos aburrieramos... quién se terminó acriminando??? la ochaga o la court??? tuvimos q terminar haciendo dedo... fue patético...

 
At 5:10 PM, Anonymous felipe said...

las motos son lo mejor. no hay como agarrarse bien del volante y doblar la muñeza derecha hasta abajo para volar sobre dos ruedas!!!
bueno, caerse no es gracia, salvo cuando la puedes contar con la cara llena de risa. ojalá tengas una vespa, pero en BCN po, en santiago no podrías entrar ni a las carreteras y hoy no se va a ningún lado sin pasar por una...
besos!
pd: supongo que también recuerdas la yamaha yzr 50 que apenas te podías, jajajajaja

 
At 8:37 AM, Anonymous Anonymous said...

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At 7:30 AM, Anonymous Anonymous said...

"(bueno, es que no hay hombre que sobre una moto no se vea guapo)"... Saludos. Qué oportuno comentario, justo ahora que Kermit cambió su Micromachine por una Harley-Davidson...

 
At 7:31 AM, Anonymous R.R. said...

...es cierto, es cierto! Ahora ando en una Harley!!

 
At 7:49 AM, Anonymous antonia said...

que buenos recuerdos! lo que es yo, les hago el quite, debe ser porque mi mamá era seca pa sacarme en su mini moto a toda velocidad por las calles santiaguinas. uf de terror. besos

 
At 10:08 AM, Blogger Sofi Guerrero said...

Y la vez que nos robamos el auto de la mamá de la Jose y teníamos que estudiar para la semestral de física y nos dedicamos a andar por todo Santiago... fuimos hasta La Dehesa a ver a la MAca Pavez... nunca me voy a olvidar la vuelta a tu casa... tu mamá estaba furiosa... que buenos recuerdos incluyendo a Gastón...

 

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